Cuatro de cada diez apuestas en vivo que se abren en México nunca llegan a cerrarse. El dato proviene de un análisis interno de flujos de usuario que circula entre operadores con licencia de la Secretaría de Gobernación y que mide el comportamiento de más de 900.000 sesiones entre enero y marzo de 2024. La cifra no describe apuestas perdidas ni ganadas: describe apuestas abandonadas, es decir, boletos que el usuario empezó a construir y dejó morir antes de confirmar.
Ese 40% de abandono no es un detalle operativo. Es la métrica que separa a un producto de apuestas en vivo que funciona de uno que solo tiene el botón rojo bien puesto.
Qué se entiende por abandono
El conteo incluye tres momentos: cuando el usuario abre el mercado de un partido, cuando selecciona una cuota y cuando elige un importe. Si la sesión se cierra en cualquiera de esos tres pasos sin confirmar, se registra como abandono. El estudio citado encontró que el 63% de los abandonos ocurre después de seleccionar la cuota pero antes de escribir el monto. Es el punto donde el jugador ya decidió qué quiere y todavía no decidió cuánto arriesgar.
Ahí hay una pista. El abandono no es desinterés. Es fricción.
El problema del minuto 70
Los deportes con reloj corrido concentran el fenómeno. En futbol, el mayor volumen de apuestas en vivo se abre entre el minuto 60 y el 80, cuando el marcador ya está definido o el partido se estancó. En esa ventana, las cuotas cambian cada 15 o 20 segundos. Un usuario que tardó 40 segundos en decidir el monto puede encontrarse con una cuota distinta a la que vio al inicio. La reacción más común, según los registros de sesión, es cerrar la aplicación.
Los operadores que han reducido ese abandono no lo hicieron bajando márgenes. Lo hicieron con dos cambios concretos: congelar la cuota durante 8 segundos después de que el usuario la selecciona, y permitir que el importe se precargue desde la última apuesta. Ninguno de los dos modifica el margen teórico de la casa, pero sí la tasa de confirmación.
Por qué importa más en México
El mercado mexicano tiene una particularidad que agrava el abandono: la proporción de usuarios que apuestan desde el móvil durante el partido, no antes. Los datos de tráfico de los principales operadores con permiso federal muestran que entre 55% y 60% del volumen de apuestas en vivo se genera en los 90 minutos del encuentro, contra 25% que se coloca en la hora previa. El resto se reparte en apuestas combinadas armadas con días de anticipación.
Esa concentración significa que cada segundo de fricción en la interfaz cuesta dinero real. Un operador con 30.000 apuestas en vivo por jornada y un ticket promedio de 85 pesos está dejando sobre la mesa alrededor de un millón de pesos por jornada si el abandono se mantiene en 40%.
La pregunta que nadie responde
Ningún operador publica su tasa de abandono. Es un dato que se mide, se conoce y no se comparte, porque admitirlo equivale a decir que el producto tiene un problema de diseño y no de oferta. La Comisión Nacional de Juegos y Sorteos no lo exige en los reportes trimestrales, y los reguladores rara vez piden métricas de experiencia de usuario.
Vale preguntarse si el abandono es realmente un fallo. Una parte de esos boletos no confirmados son jugadores que se detuvieron a tiempo, que iban a apostar en caliente y cerraron la app. Ese 40% también puede leerse como una barrera de fricción que, sin proponérselo, funciona como límite natural. La industria lo llama abandono. Quizá convenga llamarlo de otra forma antes de optimizarlo hasta que desaparezca.